viernes, 2 de junio de 2017

Aquella preciosa casa


En un pequeño pueblo cuenta una leyenda que había una familia muy poderosa, allá por los años 20, estaba vinculada al clero, puesto que varios miembros de su familia eran conocidos obispos y curas… era frecuente ver como desfilaban numerosas personas célebres por aquella casa, se hacían fiestas, reuniones… por allí pasaba toda la alta sociedad de la época desde obispos, condes, duques hasta grandes actores y actrices de teatro.
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Para parecer mucho más importantes tenían una decoración muy ostentosa en su casa, entre mármoles blancos, enormes lámparas doradas con mil piedrecitas tintineando a la luz del sol, grandes cortinas de seda con encaje artesano, flores frescas en todos los rincones de la casa junto a numerosas reliquias católicas de varias iglesias como podían ser cuadros, tallas de madera con diferentes figuras virginales, bustos…  Era una casa imponente y la envidia de todos los del pueblo.  

Pero a los pocos años, el dueño de la casa enfermó dejando a su mujer y a sus hijas numerosas deudas, estas incapaces de hacer frente a esto gastaron todos sus ahorros y se marcharon a las Américas, dejando atrás su casa y todos sus recuerdos…

En la década de los 80 la casa fue comprada por una familia de ciudad que quería mudarse al pueblo para llevar una vida más tranquila lejos del bullicio y la contaminación de las grandes urbes. La casa fue completamente reformada, e incluso ampliaron el ala oeste... era gente con mucho poder adquisitivo y no tardaron en tenerla completamente amueblada a su gusto.


Los primeros días después de la mudanza todo era nuevo y a los niños de la familia les encantaba corretear entre aquellos largos pasillos, jugando al escondite entre numerosas habitaciones y salones, todos estaban emocionados y contentos con el cambio que habían hecho en sus vidas.

Pero cada noche, escuchaban unos ruidos raros en el piso de abajo, más de una vez se levantaron para ver que era aquello pero no podían dar con el origen del ruido.

Una noche oscura de fuerte tormenta, estando todos reunidos cerca de la chimenea pudieron presenciar como un rayo entraba en su casa golpeando directamente a una pared, y dejando en esta una gran oquedad de la que salió una gran cantidad de polvo dispersándose por toda la cocina. Se acercaron lentamente y dentro de esa falsa pared pudieron ver claramente que había una especie de túnel repleto de figuras de santos, cuadros y todas las reliquias religiosas que en un tiempo pasado otorgaban a esa casa un toque de distinción. Pero allí estaban abandonadas, corroídas por el tiempo y la humedad, llenas de polvo y en un estado lamentable.

Por eso al día siguiente decidieron hacer limpieza y quemarlo todo en una hoguera… pero esa misma tarde uno de los niños que jugaba haciendo equilibrios sobre el muro que rodeaba la casa, tuvo la mala suerte de resbalar y caerse, partiéndose el cuello y muriendo en el acto.
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La familia nunca se recuperó de eso… su mujer enfermó de tuberculosis teniendo la mala suerte de fallecer en un par de meses, y su hija más pequeña corrió la misma suerte… 

En aquella preciosa casa por aquel entonces solo quedo el padre de aquella bonita familia, terminó por volverse loco, no sociabilizaba con ningún vecino y terminó ahorcándose en el salón cuando se cumplían 2 años justos de la muerte de su hijo.
Resultado de imagen de fantasma de niñosEsa casa hoy en día está desocupada y no hay nadie viviendo allí, solo hay una mujer que se encarga de ventilar la casa y hacerse cargo de ella por orden expresa de sus dueños, quien nunca habitaron allí según cuentan compraron la casa sin conocer su historia, pero una vez se enteraron nunca se atrevieron a pasar ni una noche en ella.


 Pues bien, esta señora que vigila la casa afirma sentir un aura fantasmal en sus habitaciones, ver claramente el reloj de pared como estando parado se ponía a funcionar,  sombras debajo de las camas e incluso notar que las cortinas se mueven sin haber ningún tipo de corriente o brisa…



jueves, 1 de junio de 2017

MEIGALLOS


En Galicia todo lo místico está muy presente en la vida cotidiana de la gente, como he comentado en varios posts, tanto amuletos, supersticiones, brujerías o incluso medicina “mágica” de la cual hablaré en otro post más adelante. 

Este relato, me lo facilitó una amiga, aunque en esta zona podría recopilar muchos  testimonios de este tipo de prácticas, cada uno es diferente al anterior y aunque este tipo de brujerías fueron realizadas desde la Edad Media siguen muy presentes en todo el rural gallego. No se sabe con exactitud quien las elabora, o para qué exactamente. Pero si se sabe que es alguien que desea algo malo, son rituales de magia negra.  Como sucede en Haiti, con el vudú en Galicia existen los “Meigallos”. 

Creer o no creer esta en lo personal de cada persona, pero lo cierto es que saber que alguien hace eso por pura maldad hacia otra persona o por algún motivo oscuro, ya causa suficiente repelús.

Antes de empezar la historia, me gustaría agradecer a Carmen su ayuda con esta historia. Por tomarse las molestias de escribirme y leerme todas las semanas.

Era una calurosa mañana de sábado del mes de agosto, en un pequeño pueblo gallego. Una vecina, como todos los sábados se acercó al cementerio para honrar a sus difuntos con flores frescas y sentir a sus seres queridos ya difuntos algo mas cerca en aquella tranquila mañana.

Cuando se disponía a entrar en el recinto del cementerio, algo llamó su atención algo que estaba en el “cruceiro” (cruz de piedra característica de Galicia y Portugal). 
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Se acercó lentamente cuando un olor nauseabundo la golpeó con fuerza, al ver lo que había sobre el pequeño monumento se sobresaltó pegó un grito y hasta dejo caer las flores que llevaba en las manos. No podía creer lo que estaba viendo.

Durante el transcurso de aquella tarde muchos vecinos curiosos fueron hasta el lugar para ver el hallazgo que tenía a todo el mundo tan alterado.  Era sin duda algún tipo de brujería “meigallo” .

Encima de aquel cruceiro había situadas estratégicamente dos cazuelas de barro,  una mayor en la que se encontraba una gallina negra muerta eviscerada y tapada con un pañuelo rojo; en la otra cazuela había una cebolla aromatizada.

 Había restos de una serie de cirios rojos colocados en fila con restos de cera derretida sobre la piedra de la construcción de la base del cruceiro.

Y  también varias botellas de cava, varias cajas de fósforos vacíos y puros semiconsumidos por el fuego.
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A día de hoy aún vecinos de la zona se preguntan que próposito tendría este ritual y porque alguien podría hacer eso en un sitio tan sagrado para ellos.

Desgraciadamente, existen múltiples tipos de prácticas.  Si este post tiene el suficiente número de visitas publicaré una segunda parte, además de explicar cómo funcionan o que se utiliza en estos rituales.