miércoles, 23 de mayo de 2018

Leyendas africanas: El Kishi, los Kel Essuf y los Tokoloshe.


Hoy vamos a cambiar de continente y os contaré varias historias de fantasmas de origen Africano, personalmente desconocía muchas de estas leyendas y me llamaron tanto la atención que decidí escribir sobre ellas, porque, creo que merece la pena conocer estas historias.

La leyenda de Kishi, el hombre hiena.

Cuenta la leyenda, que Kianda; el dios del Mar. Era tan bello y hermoso  que le resultaba difícil encontrar una mujer que lo quisiera de verdad, sin importar su belleza exterior.

Así que, decidió cortejar a dos hermanas de un pueblo; pero, tapándose la cara con una máscara de una calavera. 

La primera de las hermanas, lo rechazó, no quería estar con alguien con ese aspecto. Pero la otra de las hermanas lo aceptó e incluso acepto su petición de matrimonio.

Resultado de imagen de kishi leyenda africanaAsí pues, se convirtió en la reina de os océanos. Pero, a los pocos meses ella dio a luz, y para su sorpresa pudo contemplar como su hijo había nacido con dos cabezas, una de hombre y otra de hiena.

En realidad su marido, era un demonio  que acabó por comérsela viva y su hijo Kinshi acabó vagando por los bosques devorando todo lo que encontraba a su paso. Entre las gentes del lugar se conoce como el  hombre hiena.
 

Los kel Essuf

Unos de los habitantes más conocidos del Sahara son los Tuareg, ellos creen firmemente en los espíritus del desierto; los Kel Essuf  “gentes de la soledad”. Son espíritus malignos y perversos que viven en las dunas del desierto.

Resultado de imagen de kishi leyenda africanaEllos disfrutan haciendo el mal a todo aquel que ose merodear por sus dunas, suelen asustar a las caravanas o incluso alterar el sentido de la orientación de aquellos que vagan por el desierto, conduciéndolos así hacia los sitios más inhóspitos de la zona donde no hay agua ni comida y así condenándolos a una muerte segura.

Los Tuareg no suelen mencionar el tema de los Kel Essuf, porque creen, que el simple hecho de hablar de ellos es una forma de invocarlos.  Por lo general en todos sus viajes portan consigo una gran variedad de amuletos y frases del Corán para protegerse. También son conocidos en otras zonas como yennun.

 

Tokoloshe, los enanos voladores.

Otro fantasma muy conocido, sobre todo en zonas de África del sur es el Tokoloshe. Las gentes de las aldeas cuentan que fue un castigo de los dioses a chamanes que desobedecían sus órdenes y eran malos. 

Fueron poseídos a vagar con aspecto de enanos envejecidos durante toda la eternidad.

Otra versión nos cuenta que los Tokoloshe fueron una mera creación de algunos chamanes, puesto que estos tienen la capacidad de crear fantasmas.

Estos seres, salen por la noches entran en las aldeas para mantener relaciones sexuales con las mujeres y apoderarse de las almas que están plácidamente dormidas.

Solo se puede protegerse de estos seres, poniendo en los pies de la cama un par de ladrillos; para conseguir elevarla, de esta forma, como ellos son muy bajitos, no podrán alcanzar a la persona y hacerle daño.
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martes, 22 de mayo de 2018

Los tres consejos


Había una vez en un pequeño pueblo de Lugo (Galicia) una humilde familia que vivía pobremente en una pequeña casa en una aldea. La pareja se dedicaba a la agricultura vendiendo lo poco que cultivaban para poder vivir. Aunque, pobremente ellos eran muy felices y se sentían muy afortunados por tenerse el uno al otro.

Con el paso de los años, la mujer se quedo embarazada. Y ambos decidieron cambiar su vida puesto que con lo que ganaban, no les daría para mantener a su hijo. Después de mucho pensarlo decidieron que el hombre se iría de casa hasta otros pueblos esperando conseguir así trabajo de criado de algún rico terrateniente. Y así fue el hombre entre lágrimas y abrazos abandonó a su familia para poder trabajar y así darle una mejor vida a su hijo.

Pasaron los años… y él trabajaba para un rico y sabio hidalgo, que vivía en un sinuoso castillo. Después de veinte años, decidió irse; echaba de menos a su familia y le daba igual el dinero, en ese momento solo podía pensar en su mujer y en su hijo.

Al despedirse de su señor, este le dijo.

-Has trabajado mucho estos años, y no encontraré a ningún sirviente como tú. Por eso quiero proponerte algo.  Tú eliges. Te ofrezco un puñado de monedas por tus servicios o tres consejos, ¿Qué prefieres?

-Dígame los consejos señor, ahora mismo no necesito el dinero solo el valor de volver a mi casa y poder conocer a mi hijo.

-No hagas ninguna cosa sin pensarla antes tres veces; no dejes ningún rodeo por un atajo; y no preguntes lo que no te importa.

Dicho esto, el señor lo invitó a comer y también le dio un pan enorme para que pudiese compartir con su familia a su llegada. Éste se lo agradeció, y partió hacia su pueblo.
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Iba rodeando un espeso bosque cuando un mercader se topó con él indicándole el camino de un atajo, y lo invitó amablemente a seguirlo. Pero él recordando los consejos de su amo, decidió seguir el rodeo y no coger ningún atajo.

A los pocos minutos empezó a escuchar una jauría de lobos hambrientos en el bosque y los gritos de aquel pobre mercader, seguramente, siendo devorado por aquellos animales.
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Se sintió contento de haber elegido seguir su camino, y poco a poco mientras iba pensando en sus cosas se hizo de noche. Fue acercándose a un viejo caserón de madera donde pedir posada, y muy amablemente una pareja le abrieron y le ofrecieron cobijo.

Mientras cenaban, aquella pareja no paraba de preguntarle cosas e intentaban que él también les preguntara cosas de lo más impertinentes. Pero no fue así,  el hombre se calló recordando el consejo de su señor.

Se calló cuando la mujer abrió la alacena de la cocina y de allí salió un extraño bicho peludo que se puso a lamer los platos de la cena, se calló incluso, cuando estos le enseñaron una cuadra llena de cabezas de hombres decapitados. Él simplemente permaneció en silencio hasta la hora de dormir.

Cuando se despertó, dispuesto a pagarle a la pareja por su hospitalidad, ellos le dijeron que no le cobraban nada, que había sido muy buen huésped, y que, todas aquellas cabezas de su cuadra, eran de hombres que no podían aguantarse las ganas de hacer preguntas.
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Él hombre salió de aquella casa sintiéndose muy afortunado por seguir aun con la cabeza pegada a los hombres, y a los pocos kilómetros ya pudo contemplar su pueblo.

Rápidamente se acerco a su antiguo hogar, y miró por la ventana. Pudo ver a un joven cura sentado en la lareira, junto a su mujer, él se enfureció y pensó en entrar a la casa y matarlo de un hachazo en la cabeza. Pero siguiendo los consejos de su señor, que hasta ahora, nunca le habían fallado, decidió tomar posada en otra casa y pensar bien las cosas.

Le preguntó a la señora que le había dado posada, que quien era aquella mujer y que sabía de ella, lógicamente la señora no lo reconoció y le contó que hace muchos años el marido de aquella mujer había salido a trabajar, y mientas ella crió muy bien a su hijo, incluso estaba estudiando para cura, y aún vivía con ella.

El hombre no quiso saber nada más, al día siguiente se presentó en su casa pero ni su mujer ni su hijo lo reconocieron.  Le pidió posada, y su mujer se la negó; fue gracias a su hijo quien la acabo convenciendo para que pudiese pasar allí la noche.

Mientras el hombre estaba al lado del fuego, pudo ver, como su mujer ponía un plato más en la mesa, y le preguntó.

-Es para mi marido, aunque no esté con nosotros me gusta tenerlo siempre presente.

-Tu marido soy yo, y a partir de hoy, me tendrás siempre presente en tu vida.

La mujer rompió a llorar de la emoción, y ambos se abrazaron.

Aquella noche, celebraron su reencuentro con una suculenta comida, y para más sorpresa, al partir el enorme pan que le había dado su señor, se encontraron, con que estaba repleto de monedas de oro.